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LAS CARRERAS PEDESTRES
EN ARAGÓN
Celedonio García Rodríguez y José Antonio Adell Castán

García - Adell
(Autores del libro: El pedestrismo en Aragón. DGA, Zaragoza, 1987)
Las carreras pedestres
o de pollos, propiamente dichas, tenían como ámbito la Comunidad Autónoma de
Aragón y zonas limítrofes o en contacto con la misma.
Dentro de las
múltiples facetas del deporte o juego rural aragonés podemos encuadrar las
carreras a pie. Como dice la propia palabra (del latín pedes = pie) sería la
acción realizada por los pies, y por extensión por las piernas y por todo el
cuerpo, consistente en resistir durante mucho tiempo la carrera o la marcha a
pie o cubrir determinadas distancias en el menor tiempo posible o en competencia
con otros corredores.
Con esta definición no
podemos distinguir muy bien la diferencia entre las pruebas atléticas,
celebradas en todo el mundo, y las carreras pedestres aragonesas. Esas
diferencias están en la propia prueba, en el ambiente, en el premio, y en otras
connotaciones.
Las manifestaciones
del pedestrismo en nuestra Comunidad Autónoma tienen unas características tan
especiales que no encontramos en toda el área mediterránea.
La Gran
Enciclopedia Aragonesa habla de las carreras pedestres, como “pruebas
populares que han tenido un gran desarrollo en Aragón y País Vasco. Antaño el
corredor aragonés, en calzón y peducos, e incluso a uñeta y descamisau (descalzo
y en ropa interior), compite sin preparación atlética, más por pique de los
mozos que por apuesta” (1)
Antonio Beltrán dice,
refiriéndose a las corridas de pollos que “las actividades deportivas y
lúdicas, en lo popular, se asocian con la competición, en la que lo más
importante no es alcanzar un tope determinado, sino triunfar sobre los
competidores. Aparte de otros deportes, las carreras con pollos como premio son
una de las escasas actividades de tipo atlético que se han repetido en Aragón,
donde el duro trabajo físico en el campo, no plantea la actividad como una meta,
salvo para demostrar la fuerza, potencia o velocidad” (2).
En un trabajo
publicado en la revista Argensola del Instituto de Estudios
Altoaragoneses definíamos las carreras pedestres o corridas de pollos como
“consistentes en una prueba a pie en la que participaban varios corredores. los
cuales intentaban ganar un premio” (3).
En el programa de los
“III Juegos Altoaragoneses”, celebrados en Huesca en el año 1981, se comenta que
un premio muy generalizado en todo Aragón en este tipo de pruebas eran pollos,
tres para el vencedor, dos para el segundo clasificado y uno para el tercero,
“por lo que se conoce este tipo de deporte en numerosas localidades como
corridas de pollos” (4).
En el programa de los
“I Juegos Deportivos Tradicionales del Alto Aragón”, organizado por el Consejo
Superior de Deportes y la Diputación Provincial, al hablar de las carreras
pedrestres (así aparece escrito al igual que en algunos programas de
fiestas) se distingue entre la corrida de pollos y la de andarines. Sobre esta
última se comenta que se prohíbe correr, existiendo un paralelismo con la marcha
atlética, lo cual rompe la tradición, pues no conocemos que en Aragón existiera
esta prueba en nuestro deporte tradicional (5).
Asimismo, aparecen las
corridas de pollos o pedestres en muchos programas de fiestas o, también, en
otras manifestaciones como los “Juegos del Jiloca”, los “Juegos de la Litera” o
los “Juegos Tradicionales Aragoneses” celebrados en Huesca el día de San Jorge
del año 1985 (6).
También podemos
encontrar este tipo de pruebas en otras Comunidades Autónomas, pero con un matiz
muy diferente. En el País Vasco y norte de Navarra se desarrollan las mismas
dentro del deporte rural vasco (los korrikolaris).
En el resto de España
encontramos tímidamente este tipo de manifestaciones. Así, en algunos pueblos de
León se corre la rosca, que era un mazapán grande de huevos, harina y
azúcar. Correr la rosca era una prueba muy rápida, que no solía llegar al medio
kilómetro. En Galicia existía la carreira de la fogaza de parecido matiz.
Son pruebas rituales de marcada huella ancestral (7).
En algunos lugares de
Hispanoamérica también se celebran estas carreras practicadas en nuestro país,
llevadas, sin duda, por las gentes que en los siglos pasados marcharon al Nuevo
Continente.
En el Diccionario
de la Real Academia se define la carrera como la fiesta de parejas o
apuestas que se hacen a pie o a caballo para diversión o para probar la
ligereza. Otras acepciones son “pugna de velocidad entre personas que corren;
paso rápido del hombre o animal para trasladarse de un lugar a otro;
etc.” (8).
Por otra parte, el
atletismo como deporte federado ha desplazado o sustituido estas ancestrales
pruebas al introducirse con gran fuerza en los medios de comunicación social. En
los pueblos se adaptan a lo que se hace en otras partes del mundo: carreras
populares, millas urbanas, cross, etc. Con ello se pierden las pruebas
autóctonas.
Como pruebas no
encuadradas dentro del ámbito federado, pero con carácter tradicional
encontramos únicamente las que se desarrollan en la zona vasco-navarra y
aragonesa. Las pruebas pedestres del País Vasco tienen un matiz diferencial de
las aragonesas. En aquellas juega un papel importante la apuesta y en Aragón la
carrera se desarrolla por pique o por competición lúdico-festiva.
Los korrikolaris
vascos están dotados de una tremenda resistencia, puesto que recorren distancias
muy largas. Algunos destacados atletas como Mariano Haro han participado en
varias de estas pruebas, batiendo records establecidos (plaza de toros de Tolosa).
Aragón
Dentro de nuestra
Comunidad Autónoma existían diferencias entre las competiciones pedestres de una
u otra zona, comarca o pueblo.
En los valles
pirenaicos se celebraban las carreras en los alrededores del pueblo, con meta en
la plaza mayor o calle principal. El premio era una rosca, tarta que tenía esta
forma. Por esta razón se le llamaba carrera de la rosca.
En la Hoya de Huesca
la denominación era de carreras al estilo del país. La distancia era
corta y se realizaba tras la comida.
En las comarcas de Los
Monegros, Cinca y La Litera la prueba se celebraba en alguna era del pueblo,
dando varias vueltas a la misma hasta completar 10 o 12 Km., mientras la banda
tocaba en el centro del redondel y el público seguía con gran interés las
evoluciones de los esforzados corredores.
En Zaragoza, Barbastro,
Calatayud, Huesca, Albalate del Arzobispo, Calanda, etc., el redondel de la
disputa pedestre era la plaza de toros y el encargado de organizarla el
empresario que sacaba sus beneficios al cobrar entrada al público que acudía a
la misma.
En el Bajo Aragón se
conoce a estas pruebas con el nombre de corridas de peatones, siendo los
premios pollos. Todavía en los programas de fiestas de la posguerra aparece esta
acepción; así, en el de Samper de Calanda del año 1939 se anuncia para el día 6
de agosto que a las cinco de la tarde habrá “gran corrida de peatones, que
partirá de la Plaza de España hasta el camino de Zafranar, dando dos vueltas al
mismo trayecto, con los premios siguientes: primero, tres hermosos pollos;
segundo, dos hermosos pollos; tercero, un hermoso pollo” (9).
En la ribera del Jalón
se hallaban muy extendidas las corridas de pollos, y aún gozan de enorme
interés. Se realizan en circuitos extremadamente cortos (Chodes) dando muchas
vueltas. En algunos puntos de la zona, en los años 20 y 30, estas competiciones
se conocían con el nombre de corridas de peones, tal como consta en el
programa de fiestas de Calatorao del año 1928 en honor al Santísimo Cristo (10).
En la ribera del
Jiloca se mantiene la genérica denominación de carrera de pollos o
corrida de pollos, haciendo referencia al premio. La prueba transcurría por
la carretera o camino principal que pasaba por la localidad.
Cuando, poco a poco,
los premios de los clásicos pollos se cambiaron por premios en metálico, a la
antigua denominación le sustituyó la de carrera pedestre, que es la que
se ha mantenido hasta la actualidad; aunque aún en algunos lugares se conservan
otros nombres: “carrera de la cuchara” en Aínsa, “carrera de la joya” en Mallén,
etc.
Podemos decir que
prácticamente todas las ciudades, villas y lugares de Aragón programaban en el
día del patrón o en los días de la fiesta mayor la carrera, que era el acto
profano más esperado y el que más interés suscitaba.
Las comarcas donde más
ha perdurado la afición a las carreras a pie han sido las altoaragonesas de los
Monegros, Cinca y Litera; las zaragozanas de las riberas del Ebro, Jalón y Campo
de Calatayud, y el Bajo Aragón turolense. Su desaparición es inminente en la
zona pirenaica, Cinco Villas, los Campos de Borja y Tarazona y las comarcas del
Sur y Oeste turolense.
Coincide que en las
mismas comarcas donde más se ha desarrollado es donde otros deportes autóctonos,
como el tiro de barra, han tenido sus mayores centros de atención e interés.
Con la creación de la
Federación Aragonesa de Atletismo y la formación de clubes federados, las
carreras pedestres desaparecían de las ciudades aragonesas,-reduciéndose a los
núcleos rurales. A pesar de ello, algunos barrios de Zaragoza, Calatayud o
Huesca, se siguieron programando actos de este tipo.
Aunque, en los años de
la República y más tarde en los años de la posguerra, la Federación sancionaba a
los atletas que participaban en las competiciones pedestres aragonesas. En la
prensa del día 9 de julio de 1933 la Federación Aragonesa de Atletismo hacía
público el siguiente comunicado:
“Habiendo comprobado
la Federación Aragonesa de Atletismo las denuncias contra determinados atletas,
por haber participado en pruebas no autorizadas por esta Federación, en las que
se otorgaron premios en metálico y deseando por otra parte hacer una enérgica
depuración entre sus atletas, se acuerda descalificar hasta el día 15 de octubre
del corriente año a Don Francisco Pardos, Don Alfredo Martínez y Don Joaquín
Callao, y en caso de reincidencia, a perpetuidad” (11).
En varios periódicos
de fecha 8 de septiembre de 1950 se daba cuenta de otros acuerdos de la
Federación contra los corredores que participaban en estas pruebas y que eran
los más destacados del fondo español:
“El 31 de agosto se
tomaron acuerdos por la Federación Española de Atletismo en los que según
informe elevado por la Federación Aragonesa, que vienen a sumarse a otros hechos
anteriormente, el Comité Directivo se pronunció por unanimidad, por considerar a
los atletas denunciados como profesionales: Baldomá, Coll, Sierra, Rojo, Yebra y
Losada” (12).
Esta sanción se debe a
la participación de estos corredores en la prueba pedestre de Calanda, celebrada
el día 13 de agosto de este año, en la que el vencedor tenía como premio una
“yegua preñada por un semental del estado”.
Ello provocó que en
los años de la posguerra los periódicos no comentaran, en los artículos de
corresponsales, las carreras de las fiestas de los pueblos; se procuraba no dar
publicidad a las pruebas para que no existieran sanciones. Claro está que a
veces la Federación tenía que levantar las sanciones ante compromisos
importantes de la selección, tal como ocurrió con José Molins, de Sabadell, en
los años sesenta.
Ahora, que los atletas
destacados cobran cantidades desorbitadas en las reuniones o meetings,
por conceptos publicitarios, por records, etc., este problema ya no existe y la
actitud de la Federación es de benevolencia con estas pruebas. Así, en la
carrera celebrada en el barrio zaragozano de Las Fuentes, en agosto del año
1985, varios directivos estuvieron viendo y animando la prueba.
Cataluña
Estas competiciones se
desarrollaron fundamentalmente en algunas de las comarcas limítrofes con Aragón,
aunque se han perdido más rápidamente que en nuestra tierra. En la provincia de
Lérida son escasas las poblaciones que conservan la tradición; hace algunos años
muchos pueblos del Segriá y Les Garrigues sentían gran interés por estas
competiciones.
En los valles
pirenaicos catalanes se celebran unas carreras rituales que se llaman fallas.
Julio Caro Baroja dice que “en Durro (valle de Bohí) corren las fallas el
día de San Quírico, o sea, el 13 de junio, pero las coplas que cantan con
aquella ocasión, que es la de la fiesta mayor del pueblo, expresan que antes se
cardan por San Juan” (13). Estas fallas se corrían también en Isabarre
(valle de Aneo), Pauls (valle del Flenisell), Les (valle de Arán) y Sarroca de
Bellera.
Violant y Simorra
comenta también estas carreras rituales (14). Nos extenderemos en las mismas en
el capítulo dedicado al Sobrarbe, pues hay una tradición semejante en San Juan
de Plan.
En Ager (comarca de,
la Noguera) era típico correr lo cós. Ceferí Rocafort dice “lo primer que
arriba ahont hi han los premis que sol ésser la plar;a, toca la cordera (ler
premi) y ha guanyat lo cós. lo segon que toca los pollastres (2an premi) guanya
lo sotacós y lo tercer ja no se presenta a recullir lo premi que consisteix en
una ceba. En alguns pobles fan lo cós d'anada y vinguda” (el primero que llega
donde están los premios, que suele ser la plaza, toca la cordera y ha ganado el
cós, el segundo que toca los pollos gana el solacós y el tercero
ya no se presenta a recoger el premio que consiste en una cebolla. En algunos
pueblos hacen el cós de ida y vuelta) (15).
En la comarca del
Segriá casi todos los pueblos solían celebrar la carrera pedestre en su fiesta
mayor. Cuando adquirieron mayor auge fue en los años anteriores y posteriores a
la guerra civil. En el libro Almacelles, visió d'un poble se comenta que
el premio al vencedor de la prueba era un cordero (16). Posteriormente, al igual
que en otras localidades, el premio pasó a ser en metálico. Hasta hace algunos
años en Cubells aún se daba un cordero al vencedor. En Almenar la carrera se
celebraba en las fiestas del barrio de San Roque, en el mes de agosto. En
Alpicat, Alguaire, Roselló y Alcarras también existía una gran afición a estos
festejos.
La árida comarca de
Las Garrigas era sede de muchas de estas competiciones. En Borjas Blancas se
corría alrededor de un estanque, en La Granadella en la plaza de la localidad y
en Arbeca por las calles. En los últimos años en Arbeca se daba un cordero para
el vencedor y un jamón para el segundo y tercer clasificado.
En la provincia de
Tarragona las comarcas de la Cataluña del Ebro son las que programaban este tipo
de pruebas de gran arraigo y tradición. Curioso es observar como las localidades
ribereñas del Ebro han tenido pruebas de características semejantes en Navarra,
Aragón y Cataluña.
En la comarca de la
Ribera d'Ebre el premio era un pollo para el primero, un conejo para el segundo
y la cebolla para el tercero. El alguacil, u otra persona de la población,
llevaba colgados en un bieldo los tres premios. Esta persona se situaba en un
lugar, siempre el mismo, y allí se daba la salida y la llegada, en la que había
que tocar dicho bieldo.
En la Terra Alta se
realizaban carreras casi todos los días de la fiesta, en el primero para los
forasteros, el segundo para los del pueblo y el tercero para los niños. A veces
se realizaban dos pruebas: una dentro de la localidad y otra en el campo de
fútbol.
En el Baix Ebre era
popular la Cursa Venlurera de Torlosa, llamada así porque participar en
la misma era una aventura. Se desarrollaba en las fiestas septembrinas y contaba
con muchos participantes.
Destacados corredores
saldrían de estos lugares: Florensa, de Corbíns, que un año ganó un ternero en
Alcarrás y que estuvo corriendo en Francia en los años anteriores a la guerra
civil; Baldomá, de Roselló, destacado fondista a nivel nacional; Serra, de Ascó;
Norbert Ricart Barberela, de Cherta; Manuel Bellmunt, de Arbeca y Espinós,
de Benifallet. De Lérida era Luis García, que tantas carreras llegó a ganar por
tierras catalanas y aragonesas.
La realidad es que
existió una gran rivalidad entre los corredores catalanes y aragoneses, que
estuvieron en la mayor parte de las veces en los primeros puestos del fondo
nacional.
En muchos pueblos
aragoneses aún recuerdan a Tapias (años 20), Rojo, Andreu, Coll y Miranda
(posguerra), Molins, Pro y Faro (años 60), grandes corredores catalanes que
participaron en muchas pruebas dejando un buen sabor por su resistencia y
preparación.
El Maestrazgo de
Castellón
Las localidades
celebraban las corridas de pollos en sus fiestas patronales con mucha
expectación. Así, en Palanques -els Ports - la salida la daba el alguacil desde
un punto próximo a la población, estando la meta en la plaza, donde colgaban los
animales en un bieldo. El festejo tenía lugar el día de los patrones San Cosme y
San Damián, tras la misa mayor.
En Villafranca del Cid
se corría en la Plaza de Toros; aún se recuerdan en la localidad las gestas del
Maló. Esto era para la fiesta del 8 de septiembre.
El Valencia y Alicante
también se daban, en algunos pueblos, pollos a los ganadores de las carreras a
pie. Amorós, destacado atleta nacional en los años de la posguerra, nació en
Caudé (Albacete) y su primer premio fue un pollo. Ello nos da pie a pensar que
también en esta provincia, por influencias de los valencianos, existiese esta
costumbre. Más tarde a las pruebas pedestres, organizadas en las fiestas
valencianas, se les llamará “Volta a Peu”.
Molina de Aragón
En los pueblos
próximos a Molina de Aragón, limítrofes con nuestra Comunidad, también tenían
lugar las carreras de pollos con características semejantes a la zona aragonesa,
aunque terminarían perdiéndose por completo. En La Yunta era típica esta prueba
con un pollo como premio. Aunque la carrera se dejó de celebrar, el lugar tiene
el orgullo de ser la cuna de Amado Hernández, gran corredor pedestre en tierras
de Aragón y destacado maratoniano a nivel nacional.
Típico de esta zona
era la carrera de la espaldilla que se desarrollaba en los pueblos
pequeños durante las bodas. Al salir de misa el novio aguantaba una espaldilla
fuertemente con su mano. Los mozos invitados a la boda debían tomar velocidad
para llegar hasta donde estaba el novio y dar un fuerte manotazo para
llevársela. Lo realizaban de uno en uno y si no se conseguía lo podían volver a
intentar cuando les tocara otra vez el turno.
En Alcoroches se
llamaba correr la espaldera. Se realizaba el día de la boda por la tarde
y mientras los mozos se quedaban con el novio, las mozas iban a correr la
torta. La madrína y la novia aguantaban una torta cada una y las invitadas
corrían a besar a ambas de dos en dos. A las últimas que corrían se les daba la
torta. Después se bailaba la jota, que la iniciaban la madrína y la novia con su
padre, que era el único hombre que asistía al festejo. Finalizada la danza se
comían las tortas.
En Checa y Traid se
corría también la espaldilla, mientras que en Piqueras, para la Virgen del
Rosario, se corría una prueba de dos kilómetros, dándose al vencedor dicho
premio.
En Traid y Alcoroches
se baila el pollo al acabar el último baile, dando vueltas por el pueblo
y con una música similar a la de las carreras aragonesas.
Ribera del Ebro
navarra
En la localidad de
Cortés era costumbre realizar la prueba el segundo o tercer día de las fiestas
de San Miguel a las 9 de la mañana, para a continuación celebrar la carrera de
entalegados. En la prueba pedestre los premios eran en metálico y en la de
entalegados se daba un pollo al vencedor. Esto era en los años 30.
En Buñuel, en la
fiesta de Santa Ana, en el año 1904, se disputó la tradicional joya o carrera de
jóvenes a las seis de la mañana, venciendo un joven de Murchante (17).
Esta prueba de la joya
era típica de otras localidades como la navarra de Fustiñana o la aragonesa de
Mallén, donde aún se conserva. Corella y Fitero eran dos poblaciones en las que
en los años de la República se daban premios en metálico a los vencedores.
Cuenca
Juan Manuel de la
Fuente Saiz en su tesina de INEF (Madríd) Un estudio sobre juegos populares y
deportes tradicionales en la provincia de Cuenca dice que, aunque en los
pueblos de la provincia no proliferan las pruebas pedestres, solían existir dos
tipos de pruebas: la joya y las carreras pedestres.
La joya constaba de
tres series y en cada serie se corría a ida y vuelta por los caminos o calles de
los pueblos, recorriendo una distancia aproximada de un kilómetro. Entre serie y
serie se daban 10 minutos para descansar y reponer fuerzas, iniciándose
nuevamente la prueba. Los participantes debían ir vestidos en calzón largo,
camisa y sin calzado, declarándose ganador el corredor que vencía en dos de las
tres series. Se realizaba esta prueba en la zona de la Sierra.
Las carreras pedestres
venían a ser una prueba de campo a través sobre una distancia que oscilaba de 5
a 9 kilómetros entre ida y vuelta. Había dos jueces: uno en el punto de salida y
otro donde se daba la vuelta. Se realizaba en muchos pueblos de la provincia.
Soria
Gloria Delso Marrón en
su tesina sobre los Juegos de la provincia de Soria (INEF. Madrid, 1982)
dice que la provincia ha carecido de buenos andarines; pero se celebran algunos
concursos en las fiestas patronales. El ganador de la prueba tiene algún dinero
donado por el Ayuntamiento.
En el diario La Voz
de Soria se encuentra referencia a estas carreras en pueblos como Almenar,
en sus fiestas en honor al Cautivo, de fecha variables; el Royo, en sus fiestas
en honor a la Virgen y San Roque; en Beratón, en honor de San Roque y en Arcos
de Jalón, en honor al Cristo de la Buena Muerte.
Variedades
En el pedestrismo
aragonés podemos distinguir diferentes variedades, según la época o lugar de
celebración de estas pruebas.
a) Carreras de
hombres a pies descalzos, tal como aparece en el programa de fiestas de
Barbastro de 1890 (18).
b) Carreras al
estilo del pais, tal como se celebraba en Huesca y pueblos de la Hoya o del
Gállego Medio. En el programa de las fiestas de Huesca en honor de San Lorenzo
de 1903 aparece la siguiente reseña: “Día 22: A las cinco, carreras al estilo
del país; segunda, de sacos, y tercera, de burros montados los jinetes mirando a
la cola. Habrá tres premios en cada una de ellas, de 15, 10 y 5 pesetas;
amenizarán el espectáculo los danzantes y la rondalla La Montañesa” (19).
Generalmente, la
carrera al estilo del país solía ser una prueba pedestre de corta distancia.
c) Carreras de
peatones, típicas del Bajo Aragón y de la zona de Belchite, a principios de
siglo.
d) Carrera de
peones, en la zona del Jalón, a principios de siglo: Epila, Lumpiaque,
Calatorao, Morata de Jalón...
e) Carrera de
pollos o gallos, expresión más conocida en todo Aragón. Lo normal era
que los pollos estuvieran colgados en un bieldo u horca, sostenida por el
alguacil y se colocaban en la línea de meta, siendo el premio para los primeros
clasificados; de ahí el nombre. Normalmente se daban tres pollos al primero, dos
al segundo y uno al tercero, aunque no siempre era así. También se colgaba en el
bieldo una cebolla que se daba al último, según lugares. De aquí también viene
el nombre de polleradas, polleras o simplemente pollos, empleado
en el argot de los corredores.
t) Carrera de
corderos. En Binéfar, Monzón, Fraga y otros pueblos de la comarca literano-cinqueña,
el premio era un cordero y así se denominaba a la misma.
g) Carrera de la
joya, típica de la ribera alta del Ebro: MalIén, Gallur, etc.
h) Carrera de la
cuchara, exclusiva de Aínsa, llamada así por ser el premio una cuchara de
plata.
i) Carrera de la
rosca, que se desarrollaba en los valles pirenaicos y en el Gállego Medio y
La Violada. El premio para el vencedor era una rosca o tara, tarta bien
preparada y adornada. En la comarca ribagorzana se disputaba esta prueba en las
bodas.
j) Corrida del arra,
practicada a principios de siglo, con las mismas características que la de
la rosca. Así aparece en el programa de festejos de Gurrea de Gállego del año
1905.
k) Carrera de
forasteros. Tiene dos acepciones. Una se refiere a las pruebas que se
realizaban, tras la guerra civil, en la que todos los participantes venían de
fuera. Otra hace referencia a las carreras que realizaban los forasteros siendo
perseguidos por los del lugar cuando organizaban alguna trifulca en el baile.
Generalmente esto ocurría en los pueblos cercanos y rivales.
1) Calzoncillada,
característica de la zona del Serrablo y de la Hoya, y con infinidad de
variantes. Llamada así porque se corría en calzoncillos. Aún en la actualidad se
realiza esta prueba en algunas fiestas. En Sabiñánigo, en las fiestas de
Santiago, los participantes deben quedarse en calzoncillos y echar a correr una
vez dada la salida. En algunos pueblos o ciudades del llano también se
desarrollan estas pruebas. En Monzón, en las fiestas de San Mateo, la misma se
anuncia en carteles en los que dice: “23 de septiembre 1984, 8 de la mañana:
Clásica Calzoncillada y Calzanada. Inscripciones: en los locales de la Peña La
Lífara, todos los días de 8 a 9 de la tarde y antes de la salida. Condición:
llevar el calzoncillo mariano, calzón o la enagua. Se premiará el más original y
el más sucio, habrá premios para más cosas, claro. Puntualizamos: no presentarse
en slips, ni bañador, ni bragas ni cosas por el estilo. Salida de la Plaza
Mayor. Lo importante no es ganar, sino participar y pasarlo bien. Organiza: La
Lifara”.
La Peña Los Marinos de
Zaragoza organizó en las fiestas del Pilar de 1985 una calzoncillada en su
primer año de funcionamiento.
Normalmente esta
prueba se realiza a altas horas de la madrugada y en algunos lugares se exige
para participar haber ingerido alguna bebida alcohólica. Estas pruebas son casi
todas recientes y han surgido como una copia de las carreras pedestres de
antaño, en las que se corría en calzones. La diferencia está en que antaño se
corría durante el día y la prueba era seria y actualmente es un momento de
divertimento y regocijo general.
11) Corrida de
fallas. Practicadas en algunos valles pirenaicos en la noche de San Juan.
m) Correr una
manzana. En algunos lugares éste era el premio honorífico al vencedor. Se
dice que en Loarre no se ponían de acuerdo para elegir alcalde; se tiró una
manzana calle abajo para que el que se la comiera saliese elegido. Los mozos
echaron a correr tras ella, pero al final una tocina que pasaba por el lugar se
la comió ante el asombro de los lugareños. La tocina fue nombrada alcaldesa.
El programa de fiestas
de Sesa de 1908 dice que se correrá la manzana. Sabemos también de esta misma
costumbre en los barrios de Tamarite y Almudévar.
n) Carrera pedestre
con premios en metálico. Poco a poco los pollos, corderos, roscas..., son
sustituidos por los premios en metálico a los primeros clasificados.
ñ) Corrida
terrestre, llamada así en la zona de los Monegros.
o) Carreras de
andarines, tal como aparece en el Heraldo de Aragón del año
1913 comentando las fiestas laurentinas oscenses: “Se ha celebrado la carrera
regional de andarines. Las carreras fueron presenciadas por numeroso público”
(20).
Matizaciones
Dentro de las carreras
de pollos hay diferentes acepciones, como hemos podido apreciar. Podríamos
hablar también de la carrera de pollos que se realizaba en Loscos (Teruel),
donde se soltaban los pollos en una ladera y había que cogerlos corriendo por la
misma.
En Montalbán fue
costumbre enterrar un gallo quedándole la cabeza fuera y un niño con los ojos
vendados y con una espada le debía cortar el cuello de un tajo. Vemos aquí un
espectáculo muy cruento, que terminó siendo suprimido.
Caro Baroja dice que
una corrida típica del tiempo de Carnaval era la de gallos. El niño o joven que
lo mataba era proclamado rey de gallos. También se corrían gansos, siendo
colgados por las patas en una soga y los concursantes a caballo procuraban
cortarles la cabeza de un tajo. En el siglo XVII se corren perros y gatos por
carnestolendas. Los gatos se colgaban de una cuerda y los que corrían lo hacían
con los brazos desnudos y a puñetazos, mientras el gato se defendía arañando
les. Poco a poco estos desagradables espectáculos fueron desapareciendo.
Caro Baroja, en el
mismo trabajo, también comenta: “¿Qué decir de la palabra corrida? Trataron los
escritores religiosos de la corrida del tiempo o del tiempo en términos
profundos. Pero en el habla vulgar lo más común ha sido utilizar la palabra
corrida para aludir a ciertos festejos en que los animales han sido las
constantes victimas” (21).
Sin embargo, la
corrida de pollos, entendida como carrera pedestre, no tiene al pollo como
víctima, puesto que sólo se regala como premio, lo cual sublima a este animal.
Carreras con
objetos
En determinadas
ocasiones la carrera se convierte en un divertimento dentro de los actos
festivos, y entonces la prueba tiene diferentes variedades. Recogemos algunas,
aunque la imaginación popular ha hecho que se realicen otras muchas que sería
difícil enumerar.
a) Carrera de
maletas. Se pueden llevar una o dos. A veces deben llevarse pesadas piedras
dentro de la misma.
b) Carrera con
candiles en la bragueta. Era típica del Bajo Aragón turolense. El candil no
podía apagarse.
c) Carrera del
huevo. Se llevaba en una cuchara que se aguantaba con la boca. No podía
caerse.
d) Pies juntos.
Se ataban y había que ir dando varios saltos largos y rápidos.
e) Entalegados.
Era muy popular en todo Aragón y, aún, en la actualidad, se conserva su
celebración en muchas de nuestras fiestas, pero los adultos ya no suelen
participar.
f) De cántaros en
la cabeza. Era exclusivamente para mujeres. La hemos encontrado en La
Litera, Bajo Aragón, Almudévar, Almonacid de la Cuba...
g) Con tres tejas
en cada mano, típica de Berbegal; era muy difícil porque la del centro se
resbalaba y había que tener una mano muy grande para sujetarlas y mucha fuerza
en los dedos.
h) A la pata coja.
i) Carrera de
hombres con los ojos vendados, tal como se practicaba en Hinojosa de la Val
(Teruel) en las fiestas de San Agustín, a principios de siglo.
j) Carrera
sujetando la cola de un asno, tal como se hizo en Cañada de Verich en las
fiestas del Pilar de 1930. Así aparecía en La Voz de Aragón: “Dia 22.-
Por la tarde se celebraron varias clases de corridas, ganando el primer premio
José María Andreu Serrano, que demostró ser valiente; consistió esta corrida en
ir sujetando la cola de un asno a toda velocidad y en terreno llano durante el
recorrido de 350 metros, aproximadamente” (22).
h) Carreras
grotescas y de Carnaval.
Otro tipo de
carreras
Existen carreras de
pique entre dos corredores consistentes en ir de un pueblo a otro, correr contra
un caballo o contra una bicicleta o tractor, que de todo hemos encontrado en
Aragón.
No podemos olvidar a
aquellos que su dedicación fundamental era la de correr o andar muchos
kilómetros: correos, espoliques, etc.
Deben también
considerarse las carreras con las vaquillas o el toro de fuego en los talones,
que a la postre también son carreras, pero sin premio.
Una auténtica prueba
pedestre era la que se realizaba en Zuera, en la Romería a la Virgen del Salz.
Recogemos el texto de La Voz de Aragón del año 1927:
“Durante los tres días
de Pascua de Pentecostés, Zuera celebra su fiesta pequeña en honor de la Virgen
de Salz, que queda reducida a la Romería del segundo día y a bailes públicos.
A las cinco de la
mañana suele empezar el desfile de los buenos zufarienses hacia la ermita, que
dista diez kilómetros, haciendo uso de todo tipo de vehículos.
Al empezar la cuesta
que da acceso a la ermita, se organiza la procesión, en la que figura una enorme
bandera que un grupo de mozos lleva corriendo sin detenerse, teniendo a gala
llegar a ser posible, haciendo el recorrido en el mismo tiempo que el año
anterior o en un minuto menos; ha de tenerse en cuenta que suelen recorrerse los
diez kilómetros en media hora y que no se detienen ni para cambiarse la bandera.
A pesar del airazo que
hizo durante el día, los mozos de Zuera no se amedrentaron, realizando la
hombrada Miguel Tenas, Isidro Ferrer, José Lanuza, José Olivan, Rogelio Sarasa,
Antonio Marcén y Ramón Berasén” (23).
La sociedad actual ha
evolucionado y así también lo ha hecho el pedestrismo, que se ha transformado
pasando de las carreras rituales a carreras pedestres, con premios en metálico o
bien ha desaparecido de las celebraciones festivas, aunque en los últimos años
parecen renacer con gran fuerza.
La edad de los
participantes
La carrera a pie se
reserva fundamentalmente a los corredores de 18 a 36 años, aunque no haya unos
límites de edad establecidos. También se suelen programar carreras infantiles
para los niños a distancias más cortas. En Adahuesca la corrida de las peras
de Santa Ana es exclusivamente para niños.
La mujer, por lo
general, no solía participar en estas pruebas, aunque siempre encontramos
excepciones. Ya hemos comentado que la carrera con cántaros en la cabeza estaba
reservada a mujeres. En el programa de festejos de Almudévar del año 1906
aparece una corrida de mujeres.
José Fraguas opina en
un tratado escrito en el año 1894 que las mujeres son más aptas que el hombre
para el ejercicio de carrera, pues requiere soltura y ligereza de la que siempre
suelen disponer. Añade: “(…) he aquí la razón por la cual sería útil imitar, no
ya las carreras del estadio griego, ni las de antorchas (tal como allí fueron),
sino la de las pastoras de Wurtenberg (Alemania), concediendo premios y
distinciones a las vencedoras. Nuestros pedagogos, higienistas y políticos
debían amparar y extender este ejercicio, hasta convertirlo en un número de los
festejos municipales hechos todos los años al patrón del lugar” (24).
En otras ocasiones se
realizan varias carreras para todas las edades. En Barbastro, en el año 1883, en
las fiestas del Pilar, se organizaron carreras de hombres, mujeres, chicos y
burros. En Peralta de A1cofea, en las fiestas de Santa Águeda de 1927, se
celebraron carreras de casados, solteros y niños.
Interesante fue la
carrera de ancianas de Mainar, tal como aparece en el periódico Heraldo de
Aragón de 1931, comentando las fiestas de la localidad en honor a Nuestra
Señora del Tránsito y a San Roque:
“También tuvimos el
gusto de admirar la corrida pedestre que tres ancianas de la localidad se
disputaron un pollo que el Ayuntamiento concedió. Por contar ochenta y uno,
ochenta y siete y noventa y cinco años cada una de las corredoras, llamó la
atención del público extraordinariamente, en particular la de ochenta y siete
años, que llegó al término de la corrida dando vueltas y bailando como en sus
mejores tiempos” (25).
En Gurrea, en el año
1932, se celebró en sus fiestas septembrinas una carrera de hombres de pesos
fuertes, es decir, de mucho peso. En Montesusín, en el año 1975, en las
fiestas mayores se realizaron carreras de gordos, de flacos, de jóvenes, de
viejos, etc.; disfrutando el público durante toda la tarde.
La importancia de
la prueba
Normalmente la carrera
solía ser abierta, es decir, que se participaba en la misma libremente. En otras
ocasiones había varias, aunque en realidad corría todo el que lo deseaba.
Algunas pruebas eran
de tipo local. Así, en el programa de fiestas de Zuera del año 1912 se dice que
el ganador de la prueba será nombrado campeón de Zuera y sus arrabales.
Otras son de tipo
comarcal. En Borja, en los tiempos de la República, se organiza la competición
para todos aquellos que pertenezcan a alguno de los pueblos incluidos en el
partido judicial de la zona.
También las hay de
tipo provincial o regional. La carrera de Huesca del año 1913 tiene carácter de
campeonato regional, tal como reza en el programa. Sería ganada por Máximo
Alamán, de Villamayor, seguido de Manuel Mercadal, de Blesa, y José Revuelta, de
Torres de Barbués.
En otras ocasiones la
carrera tiene carácter nacional. Así, en Chodes, en el año 1981, participaron
Santiago de la Parte (Palencia), Antonio Prieto (Segovia), Abel Antón (Soria),
Cholo García (Barcelona), etc.
Citas
bibliográficas
1 Gran Enciclopedia
Aragonesa. Voz Carreras, por Luis Gracia Vicién.
2 Gran Enciclopedia
Aragonesa. Voz Pollos, corrida de, por Antonio Beltrán Martínez.
3 José Antonio Adell y
Celedonio García. “El pedestrismo en el Altoaragón”, Argensola, Revista
del Instituto de Estudios Altoaragoneses, número 94, II semestre 1982.
4 Programa de los III
Juegos Altoaragoneses. 26-27 de septiembre. Huesca, 1981. Capítulo dedicado a la
descripción de los juegos: prueba de andarines.
5 Programa de los I
Juegos Tradicionales Deportivos del Alto Aragón. Capítulo de normas técnicas:
Carreras pedestres.
6 Existen programas de
todos ellos. En el de los Juegos Tradicionales Aragoneses celebrado en el día de
San Jorge de 1985, día de Aragón, en Huesca se hace una descripción de los
diferentes juegos, entre ellos de las carreras pedestres.
7 Luis Gracia Vicién.
Juegos Tradicionales aragoneses, II. Librería General. Zaragoza, 1978,
página 10.
8 Diccionario de la
Lengua Española. Real Academia Española. 19 Edición. Madrid, 1970. Voz
carrera.
9 Heraldo de Aragón.
Martes, 1 de agosto de 1939.
10 Heraldo de
Aragón. Jueves, 13 de septiembre de 1928.
11 Heraldo de
Aragón. 9 de julio de 1933. Aparecen las mismas sanciones en otros
periódicos de la época.
12 Heraldo de
Aragón. 8 de septiembre de 1950.
13 Julio Caro Baroja.
Fiestas populares de mayo a San Juan. La estación del amor. Taurus,
Madrid, 1979. Página 148.
14 Ramón Violant y
Simorra: El Pirineo español. Madrid, Ed. Plus Ultra, 1949, página 590,
capítulo XII.
15 Ceferí Rocafort.
Geografia de Cataluña. Lérida. Editado en Barcelona, página 229.
16 R. Perrin y otros.
Almacelles, visió d'un poble. Ed. Abadía de Monserrat, 1970.
17 Heraldo de
Aragón, 2 de agosto de 1904.
18 La Derecha,
30 de agosto de 1890.
19 Heraldo de
Aragón, 5 de agosto de 1903.
20 Heraldo de Aragón,
10 de agosto de 1913. Crónica firmada por Modestino.
21 Julio Caro Baraja.
“Correr animales”. Artículo publicado en Cambio 16, número 716; 19 al 26
de agosto de 1985.
22 La Voz de Aragón,
19 de octubre de 1930.
23 La Voz de Aragón,
7 de junio de 1927. Artículo titulado Romeria a la Virgen del Salz.
24 José E. G. Fraguas.
Tratado racional de Gimnástica y de los ejercicios y juegos corporales.
Casa Editorial y Librería de la Viuda de Hernando y Compañía. Madrid, 1894, Tomo
II.
25 Heraldo de
Aragón, 23 de agosto de 1931.
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